miércoles, 19 de febrero de 2014

la visita del doctor.

1995.L'hospitalet de llobregat, SEI
He sacado la cabeza por el pasado, me he quedado un rato mirando qué había pasado con él, con ese pasado que solo me aportaba pequeños detalles, por un interés concreto, en un momento dado.

Este pasado es un espacio de contradicciones, de algunas desagradables sorpresas, como si uno hubiera cagado y despues de mucho tiempo, aún maloliente, aún fresca. Por eso sacar la cabeza al pasado me ha producido más de una sensación desagradable.
Ha habido alguna de estas que han sido lo contrario, han aparecido como buenos reencuentros, alegrías mutuas, cosas que en verdad son difíciles de calificar. El reencuentro puede dar pie a una alegría, pero a veces surge un sentimiento de caduco, de que ya pasó, que ya se cerró.

Es como conservar objetos inútiles en casa, esas cosas que dejaron de ser relaciones para pasar a ser objetos. Y viven de los momentos casuales o de mirar atras.

Ya no tengo nada que hacer en el pasado, porque lo poco agradable o interesante no perdió del todo ese sentimiento. Me podría haber encontrado sorpresas, agradables o no, es cierto que ha habido alguna situación, más que sorpresa noticia, que sí me ha creado cierta inquietud. Pero sorpresa, el encontrarme con situaciones inesperadas, con cambios en lo personal o en las inquietudes, de estos apenas ha habido.

Sí que ha habido mejora o desmejora, pero eso no son sorpresas. Aunque alguno de estos cambios merezcan cierta atención. No hay sorpresa, pero hay el paso del tiempo, los acontecimientos naturales de cada persona, cierto sentimiento de vértigo al reencontrarte con un recuerdo que vuelve a aparecer pero con cambios...

Ábretelo, me decía un colega, me insistía, lo hizo hasta tal punto que parecía más facil abrirlo que justificar los motivos por los que no lo abría.
No quise hacerme el raro, el apartado, el incomunicado, el que falta, pero lo soy, y lo soy desde hace ya un tiempo, y me encuentro bien así.
Así que sí, lo abrí, con lo exlusivamente necesario, y sabiendo que era perjudicial, pero sabiendo también que podía librarlo.
Y lo hice, ya dije hola qué tal, y adiós.
librocara.

    

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